LEA-2021
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Pedro Morales una vez me dijo que cuando uno se mete en esto de la psicoterapia “no se puede meter a medias, uno para meterse en psicoterapia, tiene que meterse a fondo”. Pasamos muchas horas leyendo, estudiando y trabajando en solitario. Paradojalmente, trabajamos solos, en vínculos y relaciones de mucha intimidad e intensidad. Pero la psicoterapia suele ser un trabajo solitario.

Los espacios abiertos, conversatorios y conferencias son una oportunidad de poder seguir aprendiendo y adquiriendo conocimientos, pero para mí su riqueza radica en que tienen una doble ganancia. Son espacios para compartir. Compartimos conocimiento intelectual, pero

además compartimos afecto. Estos espacios tienen la posibilidad de transformarse en espacios de ilusión. Trascienden al intercambio científico colectivo y a la satisfacción individual. Lo científico puede ser el motivo que congrega, pero al unirse en un solo espacio muchas mentes, se ponen en juego distintos planos de intercambio. Nos acompañamos, nos sostenemos, nos comprendemos y sobre todo podemos disfrutar de lo creativo de los encuentros.

Creo que en el contexto actual resalta la importancia y riqueza de estos espacios. La crisis actual convoca imperiosamente la intervención psicoterapéutica. El ataque a nivel físico del virus, con todos sus agregados como el aislamiento, afecta en gran medida la salud mental. E igualmente afecta nuestra labor. No tenemos modelos ni referentes para poder encajar el acontecimiento que vivimos. En la incertidumbre buscamos maneras de poder habilitar nuevos espacios para pensar en medio de un terreno desconocido, donde algunas de las herramientas de nuestro maletín no calzan o resultan insuficientes. Además, no estamos librados de las angustias que aquejan a nuestros pacientes. La pandemia conlleva un sufrimiento global. Nos vemos con la tarea de sostener a nuestros pacientes en sus angustias, mientras también las sufrimos en carne propia (y no por identificación proyectiva). Para poder sostener es importante poder sentir confianza. Difícilmente podremos trasmitir algo que no se tiene. Los espacios de discusión virtual nos permiten entonces pensar con muchas mentes la experiencia, en busca de descubrir nuevos modelos teórico/técnicos que nos faciliten la comprensión, pero también nos permiten salir del aislamiento. Creo que los espacios ABIERTOS que promueve el CPPL, se caracterizan justamente por la apertura que no satura su objetivo, se encuentran abiertos para contener y transformar nuestras experiencias, angustias, y temores. Para así poder seguir navegando en el terreno de lo inconsciente con confianza, a pesar de no tener horizontes que referencien nuestra ubicación actual.

Álvaro Silva Silva Santisteban
Promoción XXXIV

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